¿Por qué es necesaria una Misión Continental?
Ante una globalización que nos ha llevado a procesos equivocados de desarrollo, necesitamos una visión crítica que nos permita valorar, defender y promover la identidad de nuestras comunidades.
Ante una indiferencia religiosa creciente, necesitamos volver a Dios a partir de un encuentro personal con Jesucristo para darle sentido y valor a nuestra vida.
Ante el deterioro de la familia que vive una pérdida de legitimidad en la sociedad, necesitamos vivir nuestra experiencia de fe y vida en Cristo, para fortalecer nuestros hogares y hacer de esta célula de la sociedad una Iglesia doméstica abierta al respeto, el diálogo, la esperanza y el amor.
Ante la brecha entre ricos y pobres que ha llevado a una desigualdad social, necesitamos despertar la solidaridad y el valor de la justicia con criterios éticos perfilados al respeto y la dignidad humana.
Ante la violencia y el irrespeto a la vida, necesitamos volver a Cristo con su mensaje de amor, para retornar a nuestros principios cristianos que nos lleven a un estado de tolerancia y de comunión entre nuestras comunidades y pueblos.
Ante el deterioro de nuestra sociedad a causa de la droga y otras adicciones, necesitamos retomar los valores cristianos para forjar en nuestra juventud el valor de la educación y el afán por cuidar cada proyecto de vida que nos permita una convivencia familiar y social digna.
Ante la deserción de católicos que se unen a nuevos grupos religiosos al margen de la fe cristiana católica, necesitamos despertar una nueva pedagogía espiritual con base en los sacramentos de iniciación cristiana para vivir el Evangelio con mayor ardor, con nuevos métodos y nuevas expresiones de Fe.
Ante la soledad, la depresión y la angustia que viven personas de nuestras familias, necesitamos retomar la esperanza y las ganas de vivir, con la fuerza del amor demostrada por Jesucristo, para dinamizar nuestra existencia con el gozo que nos da el ser hijos de Dios y vivir el mandamiento del amor.
En síntesis, la Misión Continental es necesaria porque los cambios de tiempo así nos lo exigen; no podemos ser indiferentes, y la Iglesia Católica, como escuela de humanismo que es, debe leer los signos de los tiempos (Jn 10,10) y pedirnos a todos un compromiso serio ante lo que estamos viviendo en nuestras parroquias y comunidad en general. “Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana en la Iglesia en la cual todo procede con normalidad, pero en realidad la Fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”. (Ratzinger, J. Situación actual de la fe y la teología. Guadalajara, México, 1996).
El trabajo consiste en un recomenzar desde Cristo, reconociendo que somos cristianos gracias al encuentro que vivimos con Él y la gracia que derrama en nuestros corazones para darle un nuevo horizonte a nuestra existencia.
El reto nos lo plantea el individualismo pragmático del mundo, la avidez de la sociedad de consumo, el mundo imaginario de la libertad y la igualdad, el desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología; en fin, el reto está en el mundo y a cada uno de nosotros nos corresponde tomar la Sagrada Escritura, el Concilio Vaticano II, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, para convertirnos en discípulos misioneros y decirle a nuestras gentes:
¡Jesucristo también vale la pena!
MISIÓN CONTINENTAL 2010-2012
ARQUIDIÓCESIS DE MEDELLÍN COLOMBIA




