Finalidad de la Misión Continental en Medellín.
La Misión es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia Católica y gracias al anuncio, podemos proclamar a los hombres la buena noticia sobre el mensaje de Jesús (DA 226).
Todos como Iglesia debemos ser evangelizados para convertirnos en fieles discípulos de Jesucristo; debemos recomenzar desde Él, educarnos para la lectura y meditación de la Sagrada Escritura y encontrarnos con su mensaje, su vida y su llamado para seguirlo con lealtad (DA 247).
La Misión busca promover el encuentro con la persona y el mensaje de Jesucristo a partir de nuestros carismas para que todos seamos uno (Jn 17, 21). Es una invitación a recorrer la hermosa aventura de la Fe en la persona de Jesucristo (DA 159).
La Iglesia es por naturaleza misionera; la Iglesia nació para evangelizar; por tanto, tendremos como tarea implementar un proceso evangelizador catequético y misionero que apunte hacia la reiniciación cristiana (DA 298).
La evangelización en nuestras comunidades parroquiales nos permitirá estar en estado permanente de Misión (DA 213) y garantizar un camino de encuentro y comunión para ser discípulos misioneros de Jesucristo y velar para que nuestros pueblos en Él tengan vida (Jn 14,6).
Con la Misión Continental en Medellín, llevaremos esperanza a nuestras familias, escuelas, colegios, universidades, grupos apostólicos, parroquias, empresas, hospitales, cárceles y demás lugares donde se hace necesario el anuncio del evangelio, para que puedan cumplir su misión de engendrar, educar y acompañar a quienes están urgidos de una mayor identidad cristiana (DA 437 y 550).
El Señor nos dice: “No tengas miedo” (Mt 28, 5); ha llegado la hora a nuestras parroquias para promover y formar discípulos misioneros que respondan a las bendiciones recibidas y comuniquen a todos por doquier, con gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. Nos alienta un Cristo resucitado que nos ubica ante el amor del Padre con la gracia del Espíritu Santo, para que descubramos y exaltemos la belleza y la alegría de ser cristianos (2 Cor. 13, 13).
Con María aprendamos a ser discípulos: “hagan lo que ÉL les diga” (Jn 2,5); y desde María, tomemos conciencia que nuestra sociedad necesita misioneros que al pie de la cruz (Jn 19, 26-27) le manifiesten fidelidad, lealtad y obediencia a su Hijo, quien es respuesta a la realidad que viven nuestros pueblos (DA 270).
María mujer de Fe (Lc 1,45), mujer obediente a la voluntad de Dios (Lc 1,38), mujer de la escucha y la meditación (Lc 2, 19, 51), mujer unida a la plenitud de los tiempos (Ga 4 , 4), Madre de Dios y Madre nuestra (Jn 19, 27), Madre de la comunicación y la unidad (Hch 1, 13-14), será para cada uno de nosotros ejemplo de discipulado, porque todo lo hace en Dios, y ejemplo de misionera, porque todo lo anuncia luego de meditarlo en su corazón (Lc 2, 19; 2,51). Que ella junto con nosotros alabemos a Jesús diciendo: ¡Amén! ¡Ven Señor Jesús” (Ap 22, 20).




